Edición 2019

Edicion 2019
Crónica de un alunizaje en el corazón del Bierzo
En el 50º aniversario de la hazaña que cambió para siempre nuestra percepción del universo, Villar de los Mundos se atrevió con el más poético de los desafíos: emprender «Un viaje a la Luna sin salir del Bierzo». La séptima edición del festival no fue un homenaje, fue una abducción colectiva.
El viaje comenzó, como es costumbre, con los pies en la tierra. La jornada en la UNED de Ponferrada, centrada en el «Turismo Sostenible», sirvió como recordatorio de la misión terrenal del festival: explorar vías para que tesoros como Los Barrios tengan un futuro viable. Sin embargo, pronto la conversación se elevó hacia nuestro satélite en el conversatorio sobre la Luna, donde las voces de Justo Bolekia y Marcelo Ndong ofrecieron una perspectiva humanista y cultural, lejos de la fría ciencia astronómica.
La banda sonora de este viaje fue una constelación de artistas de primer nivel. La Plaza del Herrador, epicentro de las cenas populares, vibró primero con la propuesta onírica y envolvente de Sandra Bernardo, para después estallar con la energía rockera de The Morgans. En la intimidad de la Casona de los Temes, la gran dama de la música gallega, Uxía, ofreció un recital conmovedor, demostrando que no hay mejor vehículo para viajar a otros mundos que una voz que canta desde la raíz. El contrapunto clásico lo puso un delicado recital de piano y violín en la Iglesia de Santa Columba, cuyas notas ascendieron hacia las bóvedas como plegarias.
El festival, fiel a su espíritu, fue un universo en expansión. El arte tomó forma en la exposición «Piel de Luna» de Javier Suárez Zarzuelo, mientras el cuentacuentos de Marcelo Ndong reunía a familias en el soto. Las catas de vino, con bodegas como Luna Beberide —cuyo nombre parecía predestinado—, Primus Bergidum y Emilio Moro, maridaron la experiencia, y hasta los más deportistas tuvieron su propia odisea con una ruta en BTT por el entorno. La séptima edición de Villar de los Mundos fue la prueba definitiva de su madurez. Logró tomar un tema universal y grandioso y hacerlo suyo, íntimo, cercano. Demostró que para viajar a la luna no hacen falta cohetes, sino la sensibilidad de un poeta, la melodía de una canción y la voluntad de una comunidad que, año tras año, insiste en crear un universo propio en el lugar que ama.
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